La nueva generación de pedantes
Guadalupe Robles
Lunes 16 de Octubre de 2017

Lo escuché desde la década de los ochentas. Se dijo mucho que la política había envejecido. Y con ella sus políticos. También las formas y los fondos. Sus discursos. 

Se dijo que las nuevas realidades exigían una nueva generación que viniera a dignificar la política, aunque nunca nadie pudo explicar lo que quería decir eso.

Había que dar paso a los nuevos. A otras miradas, acciones y respuestas políticas. En un mundo ávido de cambios y novedades, la consigna era renovarse o morir.

De pronto, los políticos profesionales, los de antes, comenzaron a ser ridiculizados. Desplazados.

Les llamaron dinosaurios. No tenían posgrados. Eran corruptos y torpes. No entendían el nuevo lenguaje del mundo. No eran modernos.

Sí, una nueva generación, según con mayor preparación y ética, comenzó a apoderarse de gobiernos, partidos, congresos y administraciones públicas. 

Empezó a imponer sus lógicas, sus nuevos modos y sus nuevos discursos. Y sí, en la apariencia, la política tuvo la bocanada de aire fresco que tanto necesitaba con la nueva camada de políticos.

Pero el poder los esperaba con sus reglas implacables. Con sus realidades y consecuencias de las que nadie escapa. Los esperaba para ver en qué momento afloraba el pecado inherente a la piel de todo político: la soberbia. 

Pronto, esa nueva generación de jóvenes políticos abrió sus brazos a la complicidad, la fama trivial y el disfrute del poder. 

Esos jóvenes que exigieron espacios políticos y finalmente llegaron al poder, no han sabido demostrar para qué lo querían. 

Son jóvenes que el poder los volvió arrogantes y distantes de las causas sociales. Jóvenes políticos actuando con las peores actitudes de la política. Ausentes de lo que la gente se duele y anhela. Sumisos ante la tiranía de Facebook, YouTube y  Twitter. 

Las arrogancias tradicionales de los antiguos dirigentes políticos, cedieron ante las  pedanterías sofisticadas de la nueva generación. Algunos de sus miembros, terminaron siendo malas copias de quienes en su tiempo repudiaron, aunque sin su sentido común.

¿Dónde está la agenda de nuestra joven clase política? ¿Qué han aportado a nuestro país? ¿Por qué debemos seguir votando por ellos en sus futuras ambiciones políticas? ¿Es mucho pedir que respondan a estas preguntas?

Veo al dirigente nacional de un partido político en crisis, pelear públicamente con senadores de su propio partido. Y viceversa. No pueden disimular su arrogancia, su ambición y su pequeñez. Es el reflejo de lo que pasa en todos los partidos y en toda la política.

Y pienso. La transición trajo consigo también una nueva generación de  políticos pedantes. Se les perdonaría si estuvieran transformando al país. Pero no. No lo están haciendo. 

Finalmente, nada es peor o mejor sólo porque sea viejo o nuevo. Esa es una de las lecciones de la política y de la vida.

 
 

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