Ciencia, fe y esperanza
Raúl Héctor Campa García
Viernes 20 de Enero de 2017

(Fragmentos de este artículo forman parte de un modesto libro testimonial en proceso)

A los seres humanos creyentes, la fe los hace que se aferren a la vida como un náufrago, pero no al madero flotante, sino a quien que de él pende crucificado. A Cristo, a Dios. Que también nos conforta con la pacifica resignación de lo inevitable.

El ciclo de la vida inicia desde el momento mismo de la concepción, el ser humano desde que nace va evolucionando durante su crecimiento, desarrollo y reproducción, hasta que inevitablemente fallece, es el proceso natural de la vida.  Durante toda esta etapa de su existencia, pueden presentarse enfermedades banales unas, graves otras o accidentes que pueden adelantar ese proceso  final. 

Los adelantos médicos, han modificado la historia natural de las enfermedades, haciendo cada vez más seguros los tratamientos médicos y quirúrgicos, que aumentan la sobrevivencia y tratan de mejorar la calidad de vida; pero no son infalibles. Cada organismo responde diferente a una misma enfermedad; como dice el antiguo aforismo de Hipócrates: “no hay enfermedades, sino enfermos”. Las condiciones fisiopatológicas o hereditarias, hábitos, estilos de vida y el medio ambiente pueden influir en la respuesta de cada enfermo, a la misma enfermedad e igual tratamiento.

 

El proceso de una enfermedad involucra por lo general a todos los miembros de una familia, amistades y a veces a una parte de una sociedad solidaria, que permanece atenta al desarrollo de la misma. Principalmente, los que soportan todo el peso del proceso de la enfermedad es el núcleo familiar más cercano. Los padres, los hijos, hermanos, etcétera. Pero hay algo que influye mucho en aceptar o adaptarse a cualquier proceso mórbido o mortal en los seres humanos, en especial en aquellas personas que profesan una creencia religiosa. La Fe.

 

La ciencia médica en la práctica, pocas veces puede desligarse de ese sincretismo entre ciencia y religión que tácitamente armonizan. La Medicina, como toda ciencia, busca siempre el bien para la humanidad, poniendo ante los enfermos los conocimientos para restablecer la salud, y la religiosidad la fe esperanzadora de que todo va salir bien: con el favor de DIOS.  Aún en el que el desenlace fuese adverso a la vida, conforta como una buena terapia psicológica, sirviendo como bálsamo para aceptar la muerte con resignación. Ayuda a ese proceso adaptativo de sobrellevar la enfermedad en el caso del enfermo y  aceptar el desenlace final por los miembros más allegados de la familia. DIOS MIO, HÁGASE TU VOLUNTAD.  En cada rezo, plegaria o petición que hace el enfermo, los familiares, los amigos, el sacerdote o ministro, se transfiere la angustia que nos invade a ese Ser Misericordioso, pidiéndole que guíe a los médicos con sus conocimientos, para llevar a “buen puerto” al paciente. Los médicos debemos tener tres virtudes entre otras, según la máxima de Claude Bernard: curar a veces, aliviar frecuentemente, consolar siempre. Si bien es cierto, por un lado el escepticismo existe en los hombres de ciencia, de no creer en la intercesión de la fe; pero en el trascurso del tiempo, eminentes científicos y pensadores, desde Aristóteles hasta los tiempos actuales apoyan ese “sincretismo” entre ciencia y religión. 

 

Mi esposa y un servidor, queremos o estamos intentando dejar plasmado en unas páginas de un modesto libro, el testimonio de todo el proceso que hemos vivido, sobretodo ELLA, en la larga evolución de su enfermedad inmunológica, con afectación hepática, que inició hace 12 años, llevando un buen control médico. Pero hace más de un año, llenó los criterios para el protocolo y realización de un exitoso trasplante hepático (el 28 de junio del 2016) y del seguimiento posterior de por vida, para evitar el rechazo. Tratamiento que ha sido muy esperanzador; la confianza al equipo de médicos, amigos y compañeros médicos y mucho personal, público y privado de instituciones de salud que se han involucrado (IMSS de Ciudad Obregón e INSTITUTO NACIONAL DE CIENCIAS  MEDICAS Y DE LA NUTRICION DR. SALVADOR ZUBIRAN en la Ciudad de México) en su atención para lograr su recuperación. 

Hemos constatado durante este largo proceso, que cada paciente sometido a trasplante, tienen una interesante y particular Historia de Vida, quizás como la de otros pacientes y sus familias ycon otro tipo de graves enfermedades.

Nuestra  Historia no será la excepción. Donde para la ciencia es un éxito maravilloso, para la gente común es un milagro. Para nosotros es la conjunción de ambos.

Ella se ha apoyado con gran Fe en Dios, su fortaleza, su templanza, en los momentos de angustias y de negación por lo que estuvo y estuvimos pasando. Quizás muchos nos hemos cuestionado, como nos sucedió en los momentos de más angustia que pasamos; y tal vez otros pacientes han hecho igual reclamo ante una enfermedad grave o no: ¿Por qué a mi Dios mío?  Encontrando Ella misma la respuesta ¿y porque no, quién soy Yo, para oponerme a tus designios? SEÑOR EN TUS MANOS ME PONGO. HAGASE TU VOLUNTAD. Ella está bien, con esta oportunidad que le ha dado JESUS – así “bautizó” mi esposa al joven donador- al morir, dando su vida por la de ella. Pediremos siempre a Dios Nuestro Señor, por él y por el consuelo de esta bondadosa familia de Jesús.

 

Nuestro eterno agradecimiento a nuestras familias, amigos, conocidos, que nos han dado invaluable apoyo, a los múltiples altruistas donadores de sangre y plaquetas. Sus buenas vibras unos, sus encadenadas oraciones otros, que nos han fortalecido la esperanza  y la fe en Dios  y en la Ciencia Médica. Gracias a  los Médicos, Químicos que desde el 2003  hasta la actualidad  han participado en su tratamiento. Gracias a Dios, a los Excelentes Médicos, a Todos. 

“Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él”. Louis Pasteur.

raulhcampag@hotmail.com


 
 

Copyright © 2006-2024. Todos los Derechos Reservados
InfoCajeme
www.infocajeme.com