Secreter: De rumores a rumores
Glafira Osorio
Martes 02 de Diciembre de 2014

Sin ser funcionaria, Angélica Rivera  tuvo que salir a desmentir rumores sobre la forma en que adquirió su casa en las Lomas.  De igual manera se hubiera querido ver a López Obrador aclarando los rumores sobre La Toscana, una casa estilo italiano, con canchas de tenis y alberca, rodeada de seguridad, a la que supuestamente se mudó cuando la colonia del Valle le quedó algo chica. Los rumores sirven a algunos para aclarar situaciones, y a otros para callar lo inconfesable.

En rumores se quedó la segunda “desaparición forzada” de estudiantes en Cocula, Guerrero, que una madre de familia denunciaba a la televisión francesa.  En su modesta casa, la señora “denunciaba” que 30 alumnos de secundaria fueron secuestrados el 7 de julio sin que a la fecha las autoridades hubieran movido un dedo.  La PGR desplegó un enorme operativo en la entidad, para investigar los hechos, encontrándose con el dicho del director de la escuela secundaria, quien confirmó que todos los días se pasa la lista de asistencia y no faltan los alumnos señalados.

La confrontación política se vuelve estéril cuando los rumores se vuelven protagonistas de una historia vacía de propuestas para el desarrollo o para el cambio social. Cuando los espectadores se vuelven presa de las “sorpresas” que no terminan siendo sino infundios sin sustento, y cuando los imberbes activistas se deslumbran con la andanada de acusaciones hechas al aire, es cuando los rumores se convierten en motivo de división para una nación que debería ocupar el tiempo de sus ciudadanos en construir y en producir, no en destruir.

Igual, entre rumores, se ha dicho que el gobernador de Chihuahua estaba invirtiendo, con dinero público, en un banco que lo haría socio.  Resulta que el banco es inexistente y que las acusaciones también han sido hechas con dolo y engaño.  Ha sido el mandatario estatal el primero en a pedir una investigación a fondo para deslindar responsabilidades y que “si hay delito, que se sancione”.  No podía ser de otra manera, ya que César Duarte está cierto de la falsedad de las acusaciones, y más aún, conoce el origen de las mismas: “son adversarios políticos que acusan con perversidad porque nunca les ha interesado Chihuahua”.

No es raro que ciertos sectores opositores actúen con dolo entre rumores y señalamientos falaces.  No es apropiado tampoco. Lo ideal sería una labor política que fomente la diversidad, pero a falta de propuestas por parte de los adversarios, el rumor crece como una herramienta política en la adversa debilidad.

 
 

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