Los chistes
Sergio Anaya
Lunes 12 de Mayo de 2014

Nadie los conocía con el rimbombante nombre de "comics", ni siquiera de "historietas". Eran los "chistes", así nada más: los "chistes".

Pasábamos las sudorosas horas del verano así como las frescas tardes del invierno, leyendo los chistes de moda. El "Memìn", quizás el más leído en los 60s y 70s. ¿Quién no recuerda a la pandilla de cuatro amigos? Además de Memín, estaban Carlos el rudo hijo de una madre soltera, Ricardo o Riqui el niño rico y Ernesto, el hijo del carpintero. Junto a ellos la obesa figura de Eufrosina, la La Linda de Memín.

"Memín Pingüín" era publicado por Edar, la editorial que además publicaba "Lágrimas y Risas". Creadas por Yolanda Vargas Dulché, el Memín y la Lágrimas eran los dos chistes de mayor circulación. Se decía que con estas publicaciones doña Yolanda hizo una enorme fortuna;  tan grande como la de Carlos Trouyet (el millonario de referencia en el México de los 60; algo así como el Slim de esa época).

Estaban también el Tawa, una especie de Tarzán criollo, acompañado de personajes como el inmenso Etreuf y la bruja Aneub.

El Charrito de Oro recuperaba la tradición de la historias rurales, o de "vaqueros a la mexicana", que difundió en exceso el cine mexicano. Y en este rubro sobresalía "El caballo del diablo", cuyas portadas incluían siempre la figura voluptuosa de bellas mujeres que motivaban eróticas fantasías en los lectores de todas las edades. Muchos años después cuando alguien quería referirse a una dama curvilínea de buen ver, solía decirse "parece salida del Caballo del Diablo".

Antes de que la televisión estuviera en todos los hogares, el tiempo de ocio se dedicaba a la lectura de estos chistes que alimentaban la fantasía popular y nos hacían más felices cada semana, cuando el nuevo capítulo llegaba a la caseta de raspados donde rentaban estas publicaciones, colgadas por supuesto con un broche de madera, de esos que se usan para tender la ropa.

El chiste costaba 1 peso en la librería, pero en la caseta lo rentaban a 20 centavo con la condición de que no lo leyera más que un solo chamaco.

Tardes de chistes, lecturas gratificantes. Cultura mexicana.

Lo del Pato Donald, Mickey Mouse, Batman, Superman y toda la legión de superhérores, eso... eso es otra historia.

 
 

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