Una plática con Borlaug
Sergio Anaya
Sábado 22 de Marzo de 2014

Por Sergio Anaya

Fue hace diez años, más o menos, en una entrevista que le hice a Norman Borlaug para un periódico regional.

Al pedirle su opinión sobre los críticos de la Revolución Verde, aquéllos que pedían suspender de manera total la aplicación de agroquímicos, Borlaug sonrió y se inclinó como intentando decirme un secreto:

"Son unos pendejos".

Su expresión no era de coraje o desprecio, simplemente sonrió, sonrió bajito, y corrigió:

"No, no lo pongas así, pero creo que esta gente no entiende el objetivo de la investigación y de la tecnología".

Y amplió su explicación:

"Si bañas a alguien de productos químicios sí se va a enfermar de cáncer, es natural. Pero en la agricultura está reglamentado el uso de esos productos y si se aplican como debe ser no provoca el daño que dicen, por el contrario, ayuda a salvar a mucha gente condenada a morir de hambre".

Palabras más, palabras menos, ese fue su comentario. No guardo una grabación de la plática, de hecho nunca uso la grabadora, y de la expresión "son unos pendejos", ni siquiera pude escribirla en su momento porque en El Imparcial las "malas palabras" son tabú, y me sugirieron poner "tontos" o algo así.

Siempre recuerdo esa entrevista, no por la palabra "pendejos" sino por la sencillez de Borlaug, el científico que veíamos como gigante, admirable para siempre, pero sencillo, amable, sin poses, como fue el joven que en los años cuarenta llegó al Valle del Yaqui para emprender una carrera brillante en contra del hambre y a favor de la humanidad.

Así fue en esa plática sostenida en el café del Costa de Oro (hoy Quality Inn). Tenía varios pendientes en su agenda pero se tomó el tiempo para platicar con el reportero y tratarlo como si fueran amigos de mucho tiempo.

Allí nos habló de las personas que lo apoyaron desde su llegada a estas tierras. De Elizondo y Campoy. Se refirió con optimismo a las investigaciones para incrementar la producción de maíz, "nada más con el manejo de la fotosíntesis", explicó.

Su sencillez no es nada nuevo para la gente del Valle que convivió con él  durante varias décadas. Muchos lo recuerdan en la parcela, compartiendo con Eugenio Martínez y otros científicos mexicanos del Ciano.

Alguien menciona que Borlaug fue el introductor de las ligas infantiles de beisbol en Ciudad Obregón.

Así cada quien tiene un recuerdo particular de este hombre que el Valle del Yaqui reclama como uno de sus hijos más queridos.

 
 

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