Mitos y realidades de la mara
Agencias
Domingo 25 de Marzo de 2007
La idea de que los integrantes de las maras tienen vínculos o redes transnacionales y que colaboran con el crimen organizado y el narcotráfico, es una idea falsa, no se apega a la realidad pues la naturaleza anárquica de las pandillas no permite que eso se concrete.

Sólo algunos individuos que actúan en su carácter personal hacen trabajos esporádicos con los carteles de narcotráfico.

Muchos gobiernos, como el mexicano, determinaron que las maras eran un asunto de seguridad nacional y reforzaron la vigilancia y las medidas represivas en la frontera sur, pero la violencia asociada a estos grupos se puede abordar con mayor éxito si se trata como un problema de seguridad pública.

"La naturaleza transnacional y criminal de las maras es bastante limitada", señaló el estudio realizado en conjunto por el Instituto Tecnológico Autónomo de México, la Oficina de Washington para América Latina, la Universidad Centroamericana de El Salvador y Nicaragua, con el apoyo de las fundaciones Ford y W. K. Kellogg.

"Además, la investigación indica que los esfuerzos por tratar el problema desde un enfoque de seguridad nacional son menos fructíferos que aquellos que atienden el fenómeno como un problema social, por ejemplo, desde un enfoque de derechos humanos y/ode salud pública, basado en las fallas [legales y económicas] estructurales del Estado" agregó el documento dado a conocer ayer.

Según las investigaciones realizadas, en varios estados de México prácticamente no existen maras, con excepción del estado fronterizo de Chiapas. En Tijuana y otras ciudades cercanas a EU hay individuos que pertenecen o pertenecieron a la maras, pero no actúan como grupo.

Más bien las pandillas locales, que cometen robos en sus mismos vecindarios, son el mayor problema que enfrenta México.

En El Salvador, Honduras y Guatemala, el problema de las maras sí es más grave, aunque la naturaleza del conflicto es diferente en cada país.

Allí "la evidencia demuestra que las maras se han organizado mejor y se han vuelto menos visibles en respuesta a las políticas de mano dura y que la seguridad pública no ha mejorado", indica el estudio.

La impunidad es estos tres países, conocidos como el triángulo del norte, hace que personas no vinculadas a las pandillas cometan crímenes, que luego se les adjudican a las maras.

Los orígenes de esas pandillas
El nombre de la Mara Salvatrucha proviene de la fusión de las palabras "mara", que significa banda, pandilla, clica o ganga; "salva", por su origen salvadoreño, y "trucha", de listo, despabilado o vivo.

Tiene como lema: "Por el barrio nací y por el barrio moriré", y su característica común es la violencia motivada por la necesidad de notoriedad, "así se hacen respetar", dicen.

La Mara Salvatrucha se formó en El Salvador y se extendió hacia Honduras y Guatemala, hasta llegar a México en su proceso de huida de los operativos antimaras aplicados por los gobiernos de esos países.

Muchos de ellos continuaron su paso hacia Estados Unidos, donde integraron pandillas como la Wonder 13, la primera en territorio norteamericano y cuya paternidad se atribuye a un campesino, "guanaco", de origen salvadoreño conocido como El Flaco Stoner, en 1969. Después surgieron Halwood y Lingua.

Sin embargo, a su paso por la costa de Chiapas, por donde se desplaza el ferrocarril, algunos se establecieron y se asociaron con bandas locales, para convertirse

posteriormente en un problema de seguridad en los municipios fronterizos con Guatemala, donde muchos jóvenes mexicanos han sido enrolados en esas pandillas.

Los maras -palabra que aparentemente también deriva de la marabunta, un feroz y destructor grupo de hormigas-, tienen su ritual de ingreso, que incluye pruebas de supuesto valor, como ejecutar a un integrante de las pandillas rivales o dejarse golpear, en el caso de los varones, o a tener sexo múltiple, en el de las mujeres.

El tatuaje, un mensaje
Los maras presumen de sus tatuajes. Entre los más comunes están los de lágrimas, que representan a cada uno de los amigos o familiares muertos.

Otros símbolos recurrentes son los payasos o los gárgolas, que representan a sus víctimas.

Entre más cubren su cuerpo con tatuajes, ellos son más respetados por su prestigio criminal, y aquellos que muestran los mayores dibujos se consideran más comprometidos con el barrio. El dibujo y su extensión se ganan, y sólo los portan quienes los merecen.

Según las autoridades, el tatuaje principal del B18 incluye tres puntos, que simbolizan sexo, droga y mujeres; están dibujados en forma de pirámide. Los de la MS13, los mismos puntos en pirámide, pero invertida.

El significado de los puntos tatuados
También incluyen otros puntos por la comisión de delitos, como violaciones, asaltos, robo de vehículos, asesinato de pandilleros rivales o policías; tráfico, extorsión o cobro de peaje.

En la B18 se autoriza a los novatos a tatuarse el pecho y los brazos, y en la MS13, la espalda y el cuello, pero sólo los líderes pueden tatuarse la cara.

Con los tatuajes adquieren notoriedad; generan temor de la población e incrementan su liderazgo.

Cuentan también con un lenguaje propio para transmitir sus mensajes y órdenes, así como con un severo "código de honor".

Utilizan el grafiti para delimitar su territorio, enviar mensajes de advertencia a otras pandillas, transmitir desafíos, amenazas o anunciar declaraciones de guerra y sentencias de muerte.
Fuentes: AP y El Universal.
 
 

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