El pasado 30 de abril se celebró a nivel mundial el Día Internacional del Jazz, en la localidad tuvo presencia la celebración con una plática y un intento de mini-concierto de jazz en las instalaciones del MUSOR el día primero de mayo.
En la celebración ver y escuchar diferentes post del mismo festejo, esta vez en Chicago en su decimoquinta edición (UNESCO 2011), cuna primaria del jazz (de manera germinal) donde se dieron cita lo mejor de los intérpretes del Jazz en la actualidad y así, en diferentes partes del mundo, incluido Ciudad Obregón.
Esta celebración une a jazzófilos en comulgar un género cuyas cualidades basa principalmente en la improvisación en característica primaria y sin lugar a dudas por aficionados en el gusto audible.
El jazz no es de un gusto general, ni tan popular como merecería por falta de promoción y entorno comercial. No existe programación de este género y solo algunas entidades educativas (universidades) la promueven, como una forma de llenar los huecos culturales (una o dos horas a la semana) aunque en internet hay muchas opciones de escucha y no se diga en el bendito Youtube. Por otro lado, existen en varias partes del país esfuerzos por divulgar la tradición jazzística con conferencias, conciertos, donde la gente va a presumir intelectualidad por asistir a un evento de jazz y también muchos (los pocos) verdaderos amantes del jazz que tienen discografías, asistencias a conciertos, estampas y fechas, pero que nunca han tocado un instrumento y por ende improvisar música de jazz para entenderlo completamente. Por otro lado, los músicos de jazz en cualquiera de los niveles, algunos estudiados y algunos aficionados sobre todo en entender el verdadero lenguaje del jazz también asisten para agasajar el oído.
Asistí a una plática del jazz que brindó el maestro Edmundo Armenta un intelectual que gusta del género y cuya sapiencia le permite desarrollar interesante plática al respecto (difiero sobre su punto de vista del smooth Jazz). Su temática fue agradable, simpática e interesante, la mayoría no entendía quién era Le Roi Jones (Amiri Baraka) y sus libros “Black People”, “Blues People” o uno de los más completos críticos, escritores de jazz, Ted Gioia, sus libros entre otros, “Cómo escuchar jazz” y “Historia del Jazz”, pero el público se envolvía en la plática tratando de no sentirse ignorantes o neófitos en la materia y “truekeaban” lo escuchado con algunas referencias jazzísticas leídas en libros o experiencias acumuladas en su intelecto. Total, una buena charla para los asistentes neófitos, interesante para los conocedores medios y justificable para los intelectuales que no asistieron.
Desde el punto musical, bastante encomiable el trabajo del joven músico Carlos Parra y su academia-club de Jazz que promueve y capacita desde hace años en el mundo de la teoría musical y su respectiva técnica para sembrar al futuro una generación de amantes del jazz.
El trabajo es arduo, pero al sembrar hay que recordar el jazz no se enseña, Charlie Parker no estudió en Berkley entre otros: Se enseña a amarlo, escucharlo, motivando, señalando el mapa de los mil caminos y creo que lo están haciendo bien. Felicidades a los que promueven la divulgación del jazz. Es Cuanto