Esta semana se dieron a conocer los datos que demuestran el éxito de la estrategia de seguridad pública implementada por diferentes corporaciones en Hermosillo y otros municipios de Sonora.
El más llamativo por supuesto es el resultado que obtuvo en la capital del estado, donde los homicidios dolosos se redujeron de 36 en enero a sólo 9 en febrero gracias, se dijo, "a una gran coordinación entre todas las instancias responsables de la seguridad ".
Como complemento se informó sobre el incremento de las órdenes de aprehensión realizadas por la AMIC en esa ciudad, un incremento de enero a febrero de 115% de homicidas detenidos.
Ya entrados en logros, se presumió que en Caborca pasan meses sin que se registra un homicidio, "Caborca dejó de ser noticia en materia de inseguridad".
Agréguele a eso la relativa tranquilidad que se vive en las ciudades fronterizas como Nogales y sobre todo San Luis Río Colorado donde después de la implementación del mando único de corporaciones se redujo el número de crímenes.
Asimismo se mencionó la recuperación de todos los ranchos del desierto sonorense que estaban tomados por grupos criminales.
Cajeme, la dolorosa excepción
Mientras estos logros se celebran en otros municipios, en Cajeme los delitos de alto impacto como el homicidio dolosos y la privación ilegal de la libertad de personas (los "levantones") mantienen un alto índice que refleja una realidad implacable, no una "percepción subjetiva".
En enero se registraron aquí 36 homicidios y en febrero fueron 31, además de al menos 20 "levantones", datos aportados por Javier Camacho, periodista especializado en nota policiaca.
La postura oficial ante esta realidad es una comparación reiterada de la violencia actual con la que se tuvo en 2021. Sí, hoy son menos, pero no en una proporción importante, además las gráficas no muestran un descenso sostenido sino una curva con bajas y altas, e incluso en las "bajas" Cajeme se mantiene como el municipio más dañado por la violencia criminal.
La pregunta recurrente es "¿por qué en otros municipios de Sonora las corporaciones de seguridad pública de los tres niveles de gobierno sí obtienen resultados positivos alentadores, mientras aquí continuamos en condiciones de alta criminalidad?"
Son ya varios años, diez al menos, de esta situación anómala y lamentable para Cajeme. Y aunque persista también la costumbre de atribuir éxitos y fracasos a los políticos en turno, es evidente que aquí el problema es más complejo y que rebasa con mucho a cualquier autoridad local por más bien intencionada y honesta que sea.
En este municipio desde hace ratos hay una red de videovigilancia pública, la policía local ha sido equipada con tecnología no sólo ahora sino desde hace varios años; el número de elementos municipales, estatales y federales, se ha incrementado también, pero seguimos sumidos en esta pesadilla de alta criminalidad.
Es obvio que la impunidad incide en la mayoría de los casos, pero hay variables aún más poderosas de tipo social (como el alto índice de adicciones), político y sobre todo económico - financieras, y en especial la fortaleza de los grupos delictivos enfrentados en el terreno local, factores que no permiten avanzar hacia la recuperación de la normalidad que tienen otros municipios de Sonora, con excepción de Cajeme.