¡Qué de nervios! Acabo de echarme el primer capítulo de "El PRI, Crónica del Fin", y no sé si voy a morir de miedo al momento en que la serie creada por Televisa y dirigida por Denisse Maerker llegue a los negros episodios en los que la televisora creada por los Azcárraga se ofreció siempre como vil meretriz al servicio de todos los presidentes de la república emanados del PRI desde aquel lejano enero de 1973 que surge Televisa de la mano, en sociedad pues, de Eugenio Garza Sada para crear lo que también es hoy un ente en decadencia que de Canal de las Estrellas, hoy lo vemos como el Canal de los Estrellados.
Corre vídeo. El amasiato de jugosas ganancias en el corporativo que también vio pasar toneladas de dinero proveniente del erario con la familia del ex presidente Miguel Alemán, se inicia a partir de Gustavo Díaz Ordaz, acaso uno de los más represivos sexenios que se hayan registrado en México, seguido por el otro no menos abusivo y brutal de Luis Echeverría Álvarez en los que los programas informativos de Televisa con Jacobo Zabludovsky a la cabeza nunca vieron nada, aunque el Zócalo de la Ciudad de México hubiese amanecido teñido en sangre como registra en su libro Zócalo Rojo la periodista y escritora Elena Poniatowska, mientras que para Jacobo y sus jefes televisivos, ese día fue uno más soleados de la ciudad capital.
Tampoco vieron nada cuando a José López Portillo, sucesor de Echeverría, se le fue el país entre las manos, mientras que la corrupción gubernamental galopaba a todo lo ancho del país, con el paisano Arturo Durazo "El Negro" como su principal representante. Como dato adicional y para los que van llegando al escenario, en ese sexenio de López Portillo el petróleo corrió a chorros, como nunca, tras el descubrimiento de grandes yacimientos petroleros.
De qué tamaño sería el boom petrolero -con otro sonorense al frente de la paraestatal como Jorge Elias Serrano que finalmente terminó en prisión- que el mismo López Portillo tomó los micrófonos para pedirnos a los mexicanos que nos preparáramos para administrar la abundancia. Finalmente nos despertó la realidad y de un día para otro el peso pasó de 22 a 70 pesos por dólar y una devaluación de casi al cien por ciento en el último año en el que felizmente para los mexicanos concluyó el gobierno de Jolopo, una devaluación y crisis económica que se emperró aún más con el hombre que ofreció una renovación moral, Miguel de la Madrid y al igual que su antecesor resultó todo un bodrio y un gobierno de absoluto desencanto y del que televisa aplaudió en todo momento.
Para 1988, tiempo en que arriba el hombre que no tiene par en materia de corrupción como Carlos Salinas de Gortari los televisos tampoco registraron el tremendo fraude electoral con el que llegó al poder. Y, desde luego hasta la fecha siguen sin sospechar en que fue el propio estado, el propio gobierno de Salinas quien asesinó al sonorense Luis Donaldo Colosio cuando recorría el país en busca de la Presidencia de la República, impulsado paradójicamente por el propio Salinas, como tampoco habría de sospechar que el asesino del cuñado del presidente Francisco Ruiz Massieu (muerto meses después de haber caído Colosio) estaba en las filas del sistema político.
Y, desde luego que Televisa nunca vio ni por asomo el fraude electoral con el que llegó Ernesto Zedillo, el mismo que ahora sale a darnos lecciones de democracia y moralina, por más que así lo acaba de reconocer el mismo chupacabras de la política nacional, Carlos Salinas de Gortari. Amantes de la simulación y las carretadas de billetes, los televisos no sólo solaparon los fraudes electorales de Zedillo y Felipe Calderón sino que hasta llegaron al cinismo de armar o habilitarle, cuál trasto de utilería una esposa de a mentiritas a Enrique Peña Nieto para que no llegara solo a los Pinos y la dama del cuento hiciera perfecto honor a su apodo, "La Gaviota".
De ahí que conviene hacerse de un saco de palomitas para no perderse uno solo de estos capítulos. Me imagino que uno de los más emocionantes tendrá que ser aquel en el que Peña Nieto tenga que revelarnos a cuánto nos salió el chistecito a los mexicanos de que le hayan armado una novia para seis años, por más que haya sido de utilería.
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