Llegamos al Clásico Mundial de Beisbol muy optimista. La selección mexicana con grandes jugadores, la mayoría con experiencia de Ligas Mayores, y un buen piloto, Benjamín Gil, la ocasión era propicia para soñar -por qué no- con el título.
No nos preocupaba el trabuco de los Estados Unidos ni el de Italia, y en semifinales podíamos ganar a Japón, Puerto Rico o al que se nos pusiera enfrente.
Todo el alboroto se apagó en la primera ronda eliminatoria. Los equipos de E.U. y de Italia nos eliminaron con cierta facilidad.
Lo de Estados Unidos lo entendemos y aceptamos. Son los amos de este deporte. Pero lo de Italia, no.
Creíamos que los italianos sólo sabían lanzar pizzas y amasar spaghetti. Pero basta con examinar el currículum de sus jugadores y nos encontramos con peloteros de Liga Mayor. No uno o dos sino la mayoría.
Y aquí nos topamos con una realidad que habíamos ignorado en nuestro desenfrenado optimismo. Los italianos sí saben jugar al beisbol.