Aquel primer año del Chicharito en el Manchester United, recién desempacado de las Chivas del Guadalajara, fue un año inolvidable. Mientras él se abría la senda de la consagración deportiva, con goles matones para el equipo inglés, la afición mexicana soñaba con la aparición del heredero de Hugo Sánchez.
Pero todo quedó en eso, en un buen intento por parte del jugador que nunca cuajó para colocarse entre los mejores de Europa, y en un sueño frustrado de la afición mexicana que siempre está en la búsqueda de un azteca con talla de crack internacional.
Del Man - U Chicharito pasó al Real Madrid donde fue banca y empezó el peregrinar por otros equipos, uno en Alemania, regreso al Real Madrid gracias -dicen- a la intervención del presidente Peña Nieto quien tenía negocios con Florentino, el mandamás del equipo colchonero.
Su segundo intento con el Real Madrid fue opacado por las grandes figuras del equipo y el Chícharo debió emigrar a la MLS, la liga del soccer en Estados Unidos, dispuesto a conquistar a la afición mexicana en ese país.
No le fue tan mal, ganó muchos dólares, suficientes para considerarse un hombre afortunado y en lo deportivo tuvo destellos de lo que pudo ser y finalmente no fue.
Finalmente Javier Hernández regresó a sus Chivas, alegró el cotarro pero también exhibió sus facultades más limitadas, el tiempo no pasa en vano, y ahora, después de fallar un importantísimo penalty que mantendría al equpo con aspiraciones mayores, Chícharo es silbado, bulleado por la afición que un día lo hizo su ídolo y hoy pide su salida del llamado "rebaño sagrado".
Así es la suerte en el deporte, que no extrañe a nadie.